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El gran taumaturgo del Libano

San Charbel

SAN CHARBEL : EL GRAN TAUMATURGO DEL LÍBANO


San Charbel Makhlouf es uno de los mayores taumaturgos del siglo XX. Nació en Líbano el 8 de mayo de 1828, en el pueblo de Biqua'kafra. Entró en la Orden Libanesa Maronita en 1851; fue ordenado sacerdote en 1859, vivió dieciséis años en el Convento de San Marón en Annaya, y veintitrés en la Ermita. Murió el 24 de diciembre de 1898. Paulo VI le declaró Beato el 5 de diciembre de 1965 y Santo el 9 de octubre de 1977.
El número de milagros de San Charbel es tan grande, que Annaya, donde queda el monasterio, fue llamada “la Lourdes libanesa” y sigue siendo un lugar milagroso hoy día. La devoción a San Charbel Makhluf se propaga en la actualidad muy rápidamente por el aumento de milagros atribuidos a su intercesión.
Su fiesta se celebra el tercer domingo de julio.

¿QUIÉN ES SAN CHARBEL?

El Líbano es un país bíblico, citado muchas veces en las Sagradas Escrituras. El propio Jesucristo, desde la Palestina, llegó hasta el Líbano donde hizo milagros y exorcismos. El Líbano es el hogar principal de la iglesia catolica Maronitas, la única iglesia oriental que siempre permaneció fiel a la Iglesia Católica Apostólica y Romana, y nunca cayó en cisma. La iglesia Católica tiene una misma fe, pero la celebra en ritos o cultos diferentes. En el Oriente, y particularmente en el Líbano, se tiene el rito maronita, así llamado en honor a San Marón, sacerdote y eremita de la Iglesia de Antioquía del siglo IV, la lengua litúrgica maronita es el arameo, la que hablaba Jesucristo, y en cada lugar las celebraciones se hacen en arameo, mezclado con el idioma del país donde se realiza.
Charbel Makhlouf nació el 8 de mayo de 1828 en el pueblo de Bigah-Kafra, a 1600 metros de altitud, de Antun Makhlouf y Brígida Al-Chidiac. Tenía dos hermanos y dos hermanas y su familia era profundamente religiosa. En el bautismo recibió el nombre de Youssef (José).
Su padre murió cuando éste era todavía un niño, por lo que su madre se encargó de cuidar a la familia, dándole ejemplo de virtud y fe. Despues ella se casó de nuevo con un hombre devoto, quien fue ordenado sacerdote. Cabe señalar que en el rito maronita, los hombres casados pueden ser sacerdotes.
A la edad de 14 años, Yussef era pastor de ovejas y descubrió una cueva en la que con frecuencia se retiraba para hacer oración. A los 23 años era el sostén de su familia y aunque era el tiempo adecuado para el matrimonio, en 1851, eligió ingresar en el convento de Nuestra Señora de Mayfouq, donde fue recibido como Postulante y luego como Novicio, llevando una vida ejemplar desde el primer momento, sobretodo en lo referente a la obediencia. Cuando Yusef tomo' el hábito de novicio renunció a su nombre original escogiendo el de Charbel en honra al santo del mismo nombre martirizado en Edesa el año 107 D.C.

Dos años después profesó los votos perpetuos como monje en el Convento de Annaya y posteriormente realizó sus estudios de filosofía y teología en el Monasterio de San Cypriano de Kfifen.

Chárbel fue ordenado sacerdote el 23 de julio de 1859 en Bekerké, sede patriarcal maronita y al poco tiempo regresó al Monasterio san Marone de Annaya, por orden de sus superiores. Ahí pasó 16 años de vida ejemplar de oración y apostolado trabajando con sus propias manos en cosas muy humildes.

Anhelando ser ermitaño, en 1875, un hecho milagroso le
iba a dar la autorización.Después de una nueva insistencia del padre Chárbel, el superior le pidió que esperara un poco más y le dio a estudiar un proceso urgente, diciendo que le daba permiso para hacerlo hasta más tarde, por la noche.
El padre Chárbel fue entonces a la cocina para abastecer de aceite su lamparita. El sirviente, queriendo burlarse de él, en vez de aceite, puso agua. El padre Chárbel nada percibió y se retiró. Encendió la lamparita sin sospechar nada, y se puso a rezar. El sirviente, que estaba, vio perplejo la lamparita encendida y corrió para contar lo sucedido al padre superior, que fue inmediatamente a la celda y constató el hecho milagroso. Al día siguiente inmediatamente autorizó al padre Chárbel a ocupar en la ermita de San Pedro y San Pablo, perteneciente al propio monasterio, la celda del padre Eliseo Kasab Al-Hardini, entonces fallecido.
La ermita estaba situada a 1400 metros de altitud. El eremita permanecía bajo la jurisdicción del superior del convento y siendo parte de la comunidad, a pesar de su vida retirada.
En la tradición oriental se alcanza la perfección no solamente con las obras, sino a través de una continua y constante búsqueda interior de Dios siguiendo el concepto de que salvar el alma salva el mundo. El asceta oriental llega a la perfección con los ruegos, las penitencias y la práctica heroica de la virtud.
El ermitaño vive completamente separado por el mundo porque las pasiones, los pecados y las imperfecciones de los hombres pueden dificultar al asceta en su absoluta búsqueda de la perfección. Luego la soledad se convierte en el medio por el que el asceta en fuga del mundo encuentra la paz interior y la perfecta unión con Dios.
Padre Charbel rezaba siete veces al día la Liturgia de las Horas, celebraba la misa por la tarde, y comía una sola vez al día. Su alimento era compuesto de legumbres verdes o cocidas, cereales y aceitunas. Por penitencia, nunca comió fruta. Durante toda su vida monastica padre Charbel rechazó de hablar con las mujeres y también fue excluida de su vida su familia y evitó encontrarla por el camino. Las mujeres que vivieron alrededor del convento sabían que el Santo no agradecía su presencia escondiéndose a su pasar. El no poseía absolutamente nada y nada pidió, no quiso tampoco tocar el dinero y cuando alguien le dejaba una limosna, llamaba a un cofrade suyo para que tomara el dinero y los entregara al Superior.

Él elegía los trabajos más humildes y pesados. Por lo tanto Padre Charbel, lavaba los platos, limpiaba los suelos, ayudaba a los criados del monasterio en los trabajos menos satisfactorios y llevaba silicio, así vivió hasta los 70 años en que Dios lo llamó a su presencia. Pero en su vida San Charbel no se ha limitado a hacer todo esto, él ha vivido de modo heroico los votos que pronunció desde el primer momento de su ordenación, y particularmente la obediencia que fue la virtud heroica más impactante del Santo. El obedeció sin discutir a cualquier orden recibida y no sólo de sus superiores, también de los cofrades y de los mismos obreros del monasterio. Todos podían mandarle y él siempre obedecia.

El padre Chárbel entregó su alma a Dios el día 24 de diciembre, vigilia de Navidad del año 1898.
Al dar inicio a su proceso de beatificación, Pío XII dijo que “el padre Charbel ya gozaba en vida, sin quererlo, de la honra de que lo llamasen santo, pues su existencia era verdaderamente santificada por sacrificios, ayunos y abstinencias. Fue una vida digna de ser llamada cristiana y, por lo tanto, santa. Ahora, después de su muerte, ocurre esta extraordinaria señal dejada por Dios: su cuerpo transpira sangre hace ya 79 años, siempre que se lo toca, y todos los que, enfermos, tocan con un pedazo de paño sus ropas constantemente húmedas de sangre, alcanzan alivio en sus enfermedades, y no pocos hasta se ven curados”.
El número de milagros es tan grande, que Annaya, donde queda el monasterio, fue llamada “la Lourdes libanesa” y sigue siendo un lugar milagroso hoy día.


LOS MILAGROS DESPUES DE SU MUERTE

Según la tradición, Charbel ofreció amplias pruebas a lo largo de su vida sobre sus extraordinarios dones de clarividencia y curaciones.

Cierto día, por ejemplo, los monjes trabajaban en un campo cuando descubrieron una peligrosa serpiente. Quisieron espantarla, sin lograrlo. El padre Chárbel fue llamado, y mandó a la serpiente que se fuera aunque sin molestar a nadie y ella obedeció. Otra vez, una plaga de langostas estaba devastando la región cuando recibieron la orden del padre Chárbel de alejarse; y lo hicieron inmediatamente. Por orden de sus superiores, curó con sus oraciones a varios enfermos que ya estaban en el lecho de muerte.

Cuando padre Charbel murió, el 24 de diciembre de 1898, quedó apuntado en el registro del monasterio que se esperaba que permanecería activo después de su muerte.
Y asi fue: aunque tuvo una vida alejada del mundo, después de su muerte se hizo muy popular porque Dios quiso señalarlo con numerosos prodigios. empezando por el de su cuerpo incorrupto, que sudaba sangre, y por el prodigio de la luz misteriosa alrededor de su tumba.hecho, desde el momento de su entierro, su tumba fue rodeada de una luz extraordinaria que sólo se desvaneció al cabo de 45 días. Los peregrinos que ya le veneraban como a un santo, intentaron robar partes de sus restos mortales, razón por la cual las autoridades abrieron la tumba y encontraron su cuerpo flotando en el barro en una tumba inundada de agua, incorrupto, como cuando estaba vivo, flexible y en perfecto estado.
Era incorrupto, sudaba sangre; emitía constantemente un bálsamo perfumado que ha sido reconocido como verdaderamente prodigioso. El fenómeno del líquido rojo parecido a la sangre que exudaba de su cuerpo permaneció hasta su beatificación en 1965.

El líquido ha sido el responsable de muchas curaciones durante todos estos años. Su tumba se ha abierto algunas veces, la última en 1977, y cada vez se notaba que su cuerpo sangrante todavía conservaba su flexibilidad como si estuviera vivo, pero su cuerpo se encontró descompuesto en febrero 1977, pocos meses antes de su canonización.


EL MILAGRO DE NOHAD EL CHAMI

Nohad El-Chami es la protagonista de un gran milagro de san Charbel occurrido después de su canonización. La mujer libanesa, madre de 12 hijos, en 1993 se volvió paralítica por una hemiplegia. Tenía 55 anos y se trataba de una enfermedad incurable. El 21 de enero de 1993 la enferma tuvo un sueño: "Dos monjes se acercaron a mi cama. Uno de ellos, San Charbel, se acercó aún más, destapó mi cuello, puso su mano sobre él, y dijo: 'He venido a operarte'. Yo me giré para ver su rostro, pero no podía, porque la luz procedente de su cuerpo era demasiado cegadora y poderosa. Estaba tan confusa que le pregunté: 'Padre, ¿por qué quiere operarme? los médicos me dijeron que no hacía falta”. Pero San Charbel respondió: 'Tu necesitas una operación, y yo he venido a hacértela'. Yo miré hacia la estatua de la Virgen, que tengo cerca mía, y le dije: 'Santa María, ayúdame por favor; ¿cómo van a operarme estos monjes sin anestesia o suturas?' Luego me di cuenta de que la estatuilla de la Virgen estaba de pie entre los monjes. De pronto, sentí un dolor terrible por debajo de los dedos de Charbel, que estaban friccionando mi cuello. Cuando San Charbel acabó la operación, el otro monje (que era san Marón) se acercó, me hizo sentar, colocó una almohada detrás de mi espalda. Me alcanzó un vaso de agua, puso su mano por detrás de mi cabeza y dijo: 'Bebe el agua'. 'No puedo beberla sin una cañita', le dije. Y Él contestó: 'Te hemos operado, y ahora beberás el agua; después te levantarás y andarás. “Me desperté y me di cuenta que estando sentada en la misma posición en la que me había colocado san Marón. De pronto sentí una quemazón en mi cuello, y puse mi mano ahí, para confirmar lo que estaba ocurriendo. Luego me di cuenta de que mi mano paralizada había vuelto de nuevo a la normalidad; sentí que mi pie paralizado se movió normalmente. Salí de la cama en un estado semi-inconsciente, me dirigí al baño y me miré al espejo; vi dos heridas de doce centímetros cada una, a ambos lados de mi cuello. Fui a la habitación de mi marido y encendí la luz. Él me miró y gritó: '¡Mujer! ¿Cómo llegaste sola hasta aquí? ¡ahora perderás el equilibrio, te caerás y una nueva catástrofe seguirá a otra!' Yo levanté mi mano paralizada y le dije: 'No temas, San Charbel me operó, y ahora puedo caminar'".

Al día siguiente, fue a la ermita con su hijo y su esposo, para agradecer a San Charbel por su gracia. Cuando regresó a casa todos sus familiares y amigos estaban sorprendidos. La noticia corrió rápidamente. Visitantes comenzaron a llegar de dentro y fuera de Líbano. Una semana después, a solicitud del cura de su Parroquia, el Padre Abdo Yaacoub, y el doctor Majid Chami, aceptó alejarse por unos días y descansar un poco. Por la noche, San Charbel se le apareció y dijo: "No dejes a la gente, yo te curé gracias a Dios para que la gente pueda verte y para dar testimonio. Muchas personas han dejado a la Iglesia, han dejado de rezar,y de respetar a los santos.Yo estoy siempre en la ermita, no dejo ese lugar. Quiero que tú visites la ermita cada día 22 de cada mes, y escuches la misa de ahora en adelante." Asi pues, Nouhad visita Annaya el 22 de cada mes. Una masa de gente va al convento para ser testigos una vez más, del milagro glorioso realizado por la intercesión de San Charbel.

EL MILAGRO DE RAYMOND NADER

Raymond Nader es un ingeniero libanés, que en un brazo tiene marcadas cinco huellas dactilares literalmente quemadas en su piel por San Charbel. Raymond Nader relató su historia en abril de 1997, delante de las cámaras de televisión. El 9 de noviembre de 1994 él pasó una noche en la ermita donde Charbel había vivido durante 23 años. Quería meditar y encendió cinco velas para leer el Evangelio que había llevado. Era una noche tranquila y fría. "De pronto", contó a la televisión, "sentí calor a mi alrededor en esa noche fría, y un viento fuerte y cálido empezó a soplar. No obstante, comprobé con gran asombro que las llamas de las velas no se habían apagado y no se movían. Intenté encontrar una explicación científica, pero pensé que debía estar soñando o alucinando. De pronto perdí mis cinco sentidos. Ya no había ni más calor, ni viento ni llamas. Me encontraba en un mundo distinto, un mundo bañado en luz. No la luz normal que todos conocemos, no blanca, sino transparente como agua cristalina. La luz no venía de una dirección específica, sino de todas partes. Era mil millones de veces más brillante que la luz del Sol..." "En esa luz sentí una Presencia, no la podía ver, pero era consciente de ella. 'No, no estás soñando, estás más despierto que nunca'. La Voz que me hablaba parecía no venir de ningún sitio y de todas partes a la vez. La pude oír en todos los rincones de mí mismo, aunque no con mis oídos físicos. Se expresaba no con palabras, no con sonidos. La Presencia se mostraba como un 'sentimiento' de profunda paz, alegría y amor. En cierto momento sentí que esta experiencia había llegado a su fin. Yo quería que esta alegría y paz duraran para siempre, y que si la Presencia no podía quedarse, deseaba que al menos me llevara consigo; pero Él me dio a entender que Él está siempre aquí." Gradualmente Nader regresó a su conciencia normal. "Observé las velas con asombro: se habían consumido totalmente. Mi reloj indicaba que habían transcurrido cuatro horas en un abrir y cerrar de ojos. Me marché de la ermita, y dirigiéndome a mi coche, al pasar delante de la estatua de San Charbel, sentí calor en el brazo. Pensé que se trataría de una picadura de insecto. Pero el calor era cada vez más intenso. Me quité el jersey, y con la luz del coche pude ver las cinco huellas dactilares en mi brazo, mostrando cada detalle de un dedo humano, incluyendo los pliegues y las uñas. Estaban muy calientes, pero no me dolían en absoluto, sólo me picaban. Durante cinco días rezumó sangre y agua.".
Los medicos del hospital de Beirut donde Raymond fue el dia siguiente no supieron explicar el fenomeno milagroso que Nader atribuye a san Charbel.






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